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El leñador: una historia

Un leñador salía diariamente de su cabaña para penetrar en el bosque y talar árboles cpn el fin de venderlos a un maderero. Tenía fama de ser un trabajador honesto y esforzado. Los primeros días, trabajando con ahinco, consiguió talar veinte gruesos árboles. Manejaba su hacha con destreza y siempre iba por delante de los otros leñadores.

 Los días iban transcurriendo y al cabo de un tiempo,  se iba reduciendo el número de árboles que cortaba, pasando de veinte a dieciocho, después a quince  y por último a doce.

 Debido a este descenso en el número de árboles que talaba, el leñador se cuestionó muy seriamente que le ocurría. Refleionó en voz alta: "Sigo trabajando las mismas horas, con la misma energía y sin fatigarme; no puedo conprender que es lo que ocurre".

 Motivado a esta situación que estaba viviendo y que repercutía muy seriamente en su economía y la de su familia, decidió visitar un pueblo cercano donde vivía un anciano leñador, famoso por su experiencia y conocimiento de como talar diferentes árboles.

 Después de ponerlo al corriente de lo que le sucedía, el leñador aguardó ansioso la respuesta del anciano. Éste, después de escucharlo con atención le dijo:

"Efectivamente has trabajo con entusiasmo e ilusión, pero acaso no te has fijado que tu hacha necesita ser afilada?"

 Lo mismo ocurre con nuestra mente, la utilizamos para todo, pero necesita ser "afilada" o transformada ya que es el instrumento que nos sirve para "cortar" lo negativo y generar lo positivo. El refinamiento de nuestra conciencia colabora en favor de una vida más plena y dichosa.

 

 

 

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Comentarios 

2 comentarios para este mensaje

23 de Abril de 2011 12:55

Alberto Bonnet

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Me gusta mucho esta historia,hay una muy parecida que habla de un segador que cada tanto paraba de segar afilaba su cuchilla,respiraba profundo y continuaba su labor y al final de la jornada era ala vez el mas descansado que estaba el que mas cereal habia cortado

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